Antes de Arrels: nuestra historia, nuestras raíces

Conoce la historia de Arelys y Diego, cómo el deporte marcó sus caminos y cómo nació Arrels Training Lab, su proyecto de entrenamiento en Badalona.

NUESTRAS HISTORIAS

Arelys y Diego

10/25/202610 min read

Arelys y Diego, fundadores de Arrels Training Lab, juntos en una playa al atardecer.
Arelys y Diego, fundadores de Arrels Training Lab, juntos en una playa al atardecer.

Si hoy nos preguntaran cómo empezó Arrels, probablemente tendríamos que retroceder bastante más allá del día en que impartimos nuestra primera clase.

Porque antes de tener una sala, un nombre o incluso la idea de trabajar juntos, ya había dos personas que disfrutaban del deporte, aunque cada una había llegado a él por un camino muy diferente.

Somos Arelys y Diego. Compartimos nuestra vida, nuestra pasión por el entrenamiento y un proyecto que seguimos construyendo día a día.

Esta es nuestra historia.

Dos caminos diferentes

Arelys

Mi relación con el entrenamiento empezó en un momento bastante complicado de mi vida.

Venía de una relación de muchos años en la que había sufrido maltrato psicológico. Después de separarme, me encontraba en una etapa de muchos cambios, con poca seguridad en mí misma y con ganas de empezar a hacer las cosas de otra manera.

Por aquel entonces trabajaba con Raquel, una compañera cuya disciplina me llamaba mucho la atención. Ella y José entrenaban, y a través de ellos empecé a interesarme por la alimentación y el ejercicio.

Primero acudí a un nutricionista y después decidí contratar a un entrenador personal.

Al principio no sabía prácticamente nada. Recuerdo que me costaba ejecutar algunos movimientos y que había ejercicios en los que ni siquiera conseguía coordinar bien mi cuerpo. Me di cuenta de que tenía muchísimo que aprender.

Durante dos años entrené con Jordi, mi entrenador personal. El primer año aprendí a utilizar las máquinas, a hacer ejercicios de fuerza y a conocer mejor mi cuerpo.

Después me propuse algo que llevaba mucho tiempo evitando: aprender a nadar. Había desarrollado miedo a entrar en el mar y pensé que sentirme más segura en el agua podría ayudarme.

Se lo propuse a Jordi y durante el siguiente año combinamos los entrenamientos de fuerza con la natación.

Aprendí tanto que acabé disfrutando de algo que antes me daba muchísimo miedo.

Con el tiempo empecé a entrenar por mi cuenta. Después de la pandemia, cuando volví al gimnasio, sentí que necesitaba probar algo diferente.

Un día, paseando por la playa, vi a un grupo haciendo CrossFit y decidí apuntarme.

Me encantó descubrir todo lo que podía hacer con mi cuerpo: dominadas, ejercicios con anillas, caminar sobre las manos y movimientos que hasta entonces nunca había probado.

Más adelante me interesé por el culturismo. José y Raquel tenían su propio gimnasio, Osmio, y después de acompañar a Raquel a una competición en Sevilla decidí prepararme también.

Disfruté muchísimo de aquella etapa. Me sentía fuerte, segura y orgullosa de lo que estaba consiguiendo.

Aunque finalmente no llegué a competir, fue una experiencia de la que aprendí mucho.

Diego

En mi caso, el deporte siempre formó parte de mi vida.

Crecí en Argentina y desde pequeño practiqué distintas disciplinas: atletismo, hockey sobre césped, baloncesto y muchos otros deportes que descubrí en los clubes a los que iba durante el verano.

Nunca sentí el ejercicio como una obligación. Al contrario, para mí siempre fue una manera de divertirme.

Con los años llegaron otras responsabilidades. Tener dos hijos, trabajar y organizar la vida familiar hizo que durante algunas etapas no pudiera dedicarle tanto tiempo al gimnasio.

Pero siempre encontraba alguna manera de practicar deporte. Si no iba al gimnasio, jugaba al baloncesto, voley o pádel.

Para mí, entrenar siempre fue algo que disfrutaba, sin pensar que algún día podría convertirlo en una profesión.

Cómo nos conocimos

Diego

Todo empezó con una fotografía que me hicieron en el gimnasio donde entrenaba.

La subí a Instagram y etiqueté al gimnasio. Ese mismo día, por curiosidad, empecé a mirar los perfiles que seguía y, entre ellos, encontré el de Arelys.

Me llamó la atención y decidí escribirle un mensaje privado.

No voy a negar que mi intención era conquistarla. Pero también me gustaba la idea de conocer a alguien con quien pudiera compartir mi afición por el entrenamiento.

Aunque los dos habíamos ido al mismo gimnasio, nunca habíamos llegado a conocernos personalmente. Por aquel entonces, Arelys ya entrenaba en otro centro.

Después de empezar a hablar, la invité a comer un asado a casa, junto con mis dos hijos.

Y así comenzó nuestra historia.

Arelys

En aquella etapa estaba muy centrada en mis entrenamientos y en mi preparación física.

Cuando conocí a Diego, empezamos a compartir cada vez más tiempo. Entrenábamos juntos los domingos y me gustaba muchísimo estar con él.

Poco a poco fueron cambiando mis prioridades. Había nacido mi nieta Martina, quería dedicarle más tiempo a mi familia y también disfrutar de mi relación con Diego.

Dejé la preparación de culturismo y comenzamos a entrenar juntos con más frecuencia.

Desde que nos conocimos queríamos pasar tanto tiempo juntos que, apenas seis meses después, ya estábamos viviendo bajo el mismo techo.

De compartir entrenamientos a compartir una profesión

Arelys

Yo ya había empezado a formarme como entrenadora personal.

Siempre he sido una persona a la que le gusta aprender, mejorar y probar cosas nuevas. A medida que avanzaba en mis propios entrenamientos, muchas mujeres de mi entorno comenzaron a preguntarme cómo hacer ejercicios o cómo podían empezar a cuidarse.

Yo podía contarles lo que había aprendido, pero quería tener una formación que me permitiera enseñarles correctamente.

Mi primera intención era ayudar a las mujeres que tenía cerca: mi madre, mi hija, mis primas, mi cuñada y todas aquellas que quisieran aprender.

Pero había algo que me costaba mucho: organizarme y terminar los proyectos que empezaba.

Diego me ayudó muchísimo con eso.

Él es una persona muy activa. Cuando tiene una idea, se pone a trabajar hasta conseguirla. Yo era más de darle vueltas a las cosas, empezar varios proyectos y a veces dejarlos a medias.

Aprendí mucho de su manera de organizarse y de pasar de las ideas a la acción.

También participé en un programa llamado Mujeres on Top, donde trabajé durante tres meses aspectos relacionados con la organización personal, los hábitos y la planificación.

Todo aquello me ayudó a terminar mi formación como entrenadora.

Y mientras yo avanzaba, también animaba a Diego a que se formara.

Siempre había visto en él una facilidad especial para enseñar y explicar cosas a los demás. Además, sabía cuánto le apasionaba el deporte.

Diego

Arelys me había dicho más de una vez que debería estudiar para ser entrenador personal.

A mí me gustaba aprender y siempre estaba metido en algún proyecto nuevo, pero nunca había pensado seriamente en dedicarme profesionalmente al entrenamiento.

Hasta que una mañana vi un vídeo en Instagram que hablaba de lo rápido que pasa la vida y de la importancia de disfrutar de lo que hacemos.

Me quedé pensando.

Si había algo que llevaba disfrutando desde pequeño, era el deporte.

Vi aquel vídeo a las ocho de la mañana y cinco minutos después estaba llamando a Arelys para decirle que había decidido estudiar lo mismo que ella.

Ese mismo día di el primer paso y comencé mi formación.

Al principio, nuestra idea era trabajar como entrenadores online. No teníamos planes concretos de abrir un centro.

Pero a medida que seguíamos estudiando, nuestras ideas fueron cambiando.

Nos especializamos en entrenamiento funcional en Orthos y posteriormente nos formamos como instructores de pilates en Pilates 10.

Y fue durante aquella etapa cuando empezamos a imaginar que quizá podríamos crear nuestro propio espacio de entrenamiento.

De dos ideas diferentes a un proyecto común

Antes de existir Arrels, cada uno tenía un proyecto en mente.

Arelys

Yo había pensado en Nona Fit. La palabra nona significa abuela y mi idea era trabajar especialmente con personas mayores, ayudándolas a mantenerse activas, fuertes y con mayor autonomía.

Siempre me ha gustado pensar que el entrenamiento puede ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida, independientemente de su edad.

Diego

Yo había elegido otro nombre: Dale Fit Power.

Mi idea era abrir un espacio de cross training. Imaginaba un centro con racks, barras y todo el equipamiento necesario para ofrecer ese tipo de entrenamientos.

Empezamos a buscar locales por Badalona, aunque en aquel momento desconocíamos muchos de los gastos y las responsabilidades de abrir un negocio propio.

Recuerdo que visitamos varios. Uno de ellos estaba en la calle de Jesús, a pocos metros del carrer del Mar.

Nos gustó, pero finalmente no seguimos adelante.

Todavía no sabíamos que acabaríamos volviendo a aquel lugar.

Nuestros primeros pasos

Mientras seguíamos pensando en nuestro futuro centro, empezamos a trabajar con clientes online utilizando la aplicación Harbiz y a organizar entrenamientos en la playa.

Más adelante surgió una oportunidad que no habíamos previsto.

Arelys había asistido a una meditación con Rebeca, de Hamadryas. Durante una conversación, Rebeca le explicó que alquilaba una sala para realizar sus actividades.

Nos pusimos en contacto con la persona responsable del espacio y comenzamos a impartir clases de pilates.

No era exactamente aquel gran centro de entrenamiento que habíamos imaginado, pero nos permitía empezar a trabajar, conocer a nuestros alumnos y seguir avanzando.

Con el tiempo, la persona que nos alquilaba la sala preparó otro espacio para que pudiéramos ofrecer también entrenamiento funcional.

Y entonces ocurrió algo que todavía recordamos con mucho cariño.

Aquella sala era el mismo local de la calle de Jesús que habíamos visitado aproximadamente un año antes.

No habíamos conseguido alquilarlo para montar nuestro propio centro como inicialmente imaginábamos, pero la vida nos había llevado hasta allí de otra manera.

Los dos creemos en Dios y en las señales que encontramos a lo largo del camino. Para nosotros, regresar a aquel local tuvo un significado muy especial.

Hoy desarrollamos nuestro proyecto en un espacio compartido con otros profesionales y actividades, y nos sentimos parte de lo que estamos construyendo entre todos.

¿Por qué Arrels Training Lab?

Diego

Siempre me ha gustado crear proyectos.

A lo largo de mi vida he desarrollado iniciativas relacionadas con diferentes sectores y, casi siempre, he sido yo quien se ha ocupado de la parte tecnológica, las páginas web y la identidad digital.

Con nuestro proyecto de entrenamiento hice lo mismo.

Empecé a buscar nombres que pudieran representarnos a los dos. Probamos distintas opciones en catalán hasta que encontramos una palabra que nos gustó especialmente.

Arrels.

Raíces.

Los dos

Nos identificamos con ese nombre porque para nosotros representa volver a lo esencial: a nuestros principios, a nuestro cuerpo, a cuidarnos y a construir una vida con hábitos que nos hagan sentir bien.

También nos gusta su relación con la tierra y el crecimiento. Por eso los tonos naturales y marrones forman parte de nuestra identidad.

Decidimos dejar atrás Nona Fit y Dale Fit Power para crear algo que fuera de los dos.

Así nació Arrels Training Lab.

La palabra Training representa nuestra actividad principal: el entrenamiento.

Y Lab tiene un significado especial para nosotros.

Nos gusta pensar en Arrels como un pequeño laboratorio de experiencias. Un espacio donde podemos aprender, probar cosas nuevas y compartir conocimientos que van más allá del entrenamiento habitual.

Por eso hemos organizado jornadas en la playa combinando entrenamiento funcional y meditación con Rebeca, de Hamadryas.

En otra ocasión reunimos entrenamiento funcional, pilates impartido por nosotros, meditación y una charla sobre nutrición con Laura Arranz.

También nos gusta organizar talleres que puedan aportar conocimientos útiles a nuestra comunidad.

Para nosotros, Arrels no tiene por qué limitarse a lo que sucede dentro de una sala.

Nuestra manera de entender el entrenamiento

Hoy ofrecemos entrenamiento funcional en grupos reducidos, entrenamiento personal y acompañamiento online, actualmente a través de Everfit.

Al principio soñábamos con abrir un centro de cross training y quizá algún día retomemos esa idea.

Pero trabajando con nuestros alumnos hemos descubierto algo que nos gusta especialmente: la cercanía que podemos ofrecer en los grupos reducidos.

Nos permite observar cómo se mueve cada persona, corregir su técnica, adaptar los ejercicios y conocer sus necesidades.

No queremos que nadie sienta que tiene que seguir el ritmo de los demás a cualquier precio.

Queremos que cada persona avance desde su propio punto de partida.

Arelys

Hay algo que me hace especialmente feliz: ver cómo las mujeres que entreno van consiguiendo cosas que antes les parecían imposibles.

A veces es una flexión de pecho que antes no podían hacer. Otras veces es levantar un peso que nunca se habían imaginado o sentirse seguras entrenando solas en un gimnasio.

Me gusta enseñar porque quiero que las personas aprendan.

Igual que Jordi me ayudó durante mis primeros años hasta que pude continuar por mi cuenta, quiero que quienes entrenan conmigo adquieran conocimientos que puedan utilizar toda su vida.

No quiero que dependan siempre de mí.

Quiero que sepan cuidarse.

Los dos

También intentamos transmitir esa manera de entender el ejercicio a nuestros hijos, de 13 y 16 años.

Aunque practican sus propios deportes, entrenamos con ellos porque creemos que aprender a desarrollar fuerza, moverse bien y cuidar la salud desde jóvenes es algo que puede acompañarlos durante muchos años.

No se trata de que todo el mundo quiera ser deportista ni de vivir pendiente del físico.

Se trata de incorporar el movimiento a nuestra vida.

Un proyecto que seguimos construyendo

Arelys

A veces me cuesta disfrutar del proceso porque soy muy soñadora. Me imagino cómo quiero que sea Arrels en el futuro y me concentro tanto en esa imagen que se me olvida mirar todo lo que ya hemos conseguido.

En una de mis meditaciones incluso llegué a imaginarme entrando en ese Arrels que algún día me gustaría tener.

Pero cuando entro hoy en nuestra sala y veo a las chicas entrenando, también siento que estamos construyendo algo importante.

Para mí, Arrels es como un hijo más. Es un proyecto que compartimos Diego y yo, que cuidamos y que queremos ver crecer.

Me encanta ver su dedicación, las horas que pasa preparando cosas, desarrollando nuestra página web o buscando nuevas maneras de mejorar.

A veces va tan rápido que me cuesta seguirle el ritmo, pero también aprendo muchísimo de él.

Y lo que más me gusta es sentir que seguimos creciendo juntos.

Diego

A mí me gusta tener proyectos, aprender y poner las ideas en marcha.

Disfruto pensando en qué podemos mejorar, qué podemos crear y cómo hacer que algo que hoy es solo una idea termine convirtiéndose en realidad.

Arrels reúne muchas de las cosas que me gustan: el deporte, la posibilidad de enseñar, la tecnología, la creatividad y, sobre todo, construir algo junto a Arelys.

Todavía tenemos mucho por hacer, pero también hemos recorrido un camino que hace unos años ninguno de los dos había imaginado.

Los dos

No sabemos exactamente cómo será Arrels dentro de cinco o diez años.

Nos gustaría seguir creciendo, tener más espacio, crear nuevas experiencias y ayudar a más personas a descubrir lo que el entrenamiento puede aportar a sus vidas.

Por ahora seguimos aprendiendo, trabajando y disfrutando de cada pequeño avance.

Porque, aunque nuestras historias empezaron de maneras muy distintas, hoy compartimos algo que es de los dos.

Un proyecto que no apareció de la noche a la mañana y que ha ido creciendo con nuestras decisiones, nuestros aprendizajes y nuestras experiencias.

Y si hay algo que representa todo ese camino, es precisamente el nombre que elegimos.

Arrels. Nuestras raíces.

Arelys y Diego

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